viernes, 15 de marzo de 2013

La Palabra de Hoy....


SANTO

ROMANOS 6:22: Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

El pensamiento religioso popular cree que un santo es una persona muy especial la cual, una vez fallecida, debe ser adorada. Hay muchas personas que en su ignorancia aún adoran a diversos santos pensando que eso es algo que agrada a Dios. Cuando miramos el manual del Cristianismo, la Biblia, allí nunca vemos que ninguna persona reciba adoración excepto el Señor Jesucristo. La Biblia enseña con suma claridad que cada persona que ha tenido un encuentro con Cristo y lo ha recibido como el Salvador de su vida puede llegar a ser santo en su manera de vivir. Ser santo no significa ser un místico espiritual con una mirada especial y vestimentas diferentes. La palabra "santo" significa "ser apartado para un uso especial". Ser santo significa dar lugar al Espíritu Santo en la vida, para que Dios haga una obra hermosa y seamos bellos por dentro y por fuera.
Muchos creen que recibir a Cristo sólo implica salvarse del infierno y ver las cosas de Dios como para “el más allá”, pero tambien debemos saber que Dios tiene un plan para “el más acá” y es producir en nosotros el fruto del Espíritu Santo. Eso significa en resumen ser un santo: Dar lugar al Espíritu Santo para que produzca en nosotros su carácter. La santidad no es algo inmediato sino un proceso que dura toda la vida. No alcanza con que dejemos que Dios nos santifique unos meses de la vida. ¡Necesitamos una terapia continua cada día de nuestras vidas!. Ser una persona santa no es algo imposible sino algo concreto y alcanzable. Sólo depende de nuestra apertura a la presencia del Señor.

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